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Ficción y relatos

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Después del meteorito

Después del meteorito una nube de polvo gris lo cubrió todo. Pero eso solo duró unos minutos, quizás unas horas. Después del meteorito la gente se volvió más temerosa aún, más religiosa y también más crédula. Aunque eso tardó un tiempo, se fue cocinando lentamente. De todas formas, no era el primer meteorito que se contaba que había caído, no era la primera excusa usada como explicación al caos reinante. 

El meteorito fue una mentira, una historia inventada para ocultar otra que sería del todo bochornosa. De igual modo, la gente ya estaba tan acostumbrada a los engaños y a las mentiras que, por comodidad y pragmatismo, daban por válido cualquier relato presentado ante sus ojos en los medios populares, por mucho que estos estuvieran manipulados, y por mucho que populares no les otorgara la categoría de serios. El meteorito era una falsa realidad, y, aun así, todos querían ver el cráter.

¡Mirad que agujero tan grande!, ¿de dónde habrá venido?

Del cinturón de Kuiper, decían unos. No, no, eso es imposible…de otra galaxia será, decían otros, sin saber, porque hablar sin saber es lo más sencillo que existe en esta galaxia. Y pobres las víctimas sobre las que ha caído el meteorito del cielo. Recemos pues, decían casi todos, y se inventaban nuevas oraciones para salvar almas o apaciguar culpas.

¡Mirad!, este cráter no puede ser de un meteorito, las cosas no son como nos cuentan, decían unos pocos, más observadores y analíticos, de los que cuestionan por tener pensamiento crítico. Pero a estos nadie les hacía caso, porque la gente, infectada por la epidemia de mentiras, prefería explicaciones sencillas y plausibles.

Después del meteorito alguien, en algún refugio, con la comodidad de un aire acondicionado, quizás en un edificio ineficiente y de estructura imposible, pero hermosa, estaría celebrando poder estar a salvo en su burbuja, lejos del calor abrasador de un planeta que arde en odio y mentiras, lleno de cráteres.

-Óscar Diéguez

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